Woman Writing

Celia Pérez León

Notebook and Pen

El fantasma tras los textos

Mi nombre es Celia.

Antes de que empieces a juzgarme, déjame que te diga todo lo que deberías juzgar de mí. 

Tengo (tan solo) 22 años. No he terminado ninguna carrera universitaria, aunque sí que he empezado una que me apasiona. Llevo vendiendo desde que tengo 18 años.

Una de las mejores cosas de mi vida es que trabajo exactamente en lo que más me gusta. Eso no hace que trabajar sea menos duro, pero sí más gratificante. Sobre todo, después de todo lo que he vivido.

Mi historia

Viaje familiar
Dibujo a mano
Espacio de trabajo

Antes de que empecemos a trabajar es probable que quieras saber un poco más de mí, así que voy a contarte una historia con moraleja. 

Con 14 añitos, mi padre se echó la maleta a la espalda y nos llevó a toda la familia a Argentina a vivir. Iba por trabajo, así que no vivimos mal. Desde Argentina nos trasladamos a un país vecino. Chile. De estas aventuras aprendí a adaptarme con rapidez y que el amor es lo más poderoso que hay sobre la Tierra. 

Con 18 años me enamoré de un chileno y me siguió a España. A día de hoy, aquel chileno enamorado es mi marido. Sí, con tan solo 22 años. 

Pero no todo ha sido fácil en esta historia de amor. Diego y yo nos fuimos de Chile sin nada en los bolsillos. Mi familia me apoyaba, pero su situación financiera no había mejorado después del traslado a Sudamérica, y mi marido no le dirigía la palabra a la suya. 

Tuvimos que buscarnos las habichuelas desde muy jovencitos. Yo empecé a trabajar. Trabajar en todos lados. Trabajar vendiendo. Vendiendo en tiendas, en inmobiliarias, en la calle, puerta por puerta y por teléfono. He probado todos los métodos de ventas posibles, pero por desgracia le cogí miedo a vender. 

Me pasó en la peor empresa del mundo. No diré su nombre. Hacían de la venta, un timo. Nos obligaban a mentir, a fingir que una nueva contratación era una actualización de contrato. Ha forzar a nuestros clientes hasta límites inimaginables. Un día, estando junto a mi formadora, una señora nos amenazó con golpearnos. 

Lo peor no fue su amenaza. Lo peor es que sentí que tenía razones para hacerlo. Aquello no era vender. Aquello era timar. 

Desde ese momento todo fue a peor. Tuve que dejar la Universidad, en la que estudiaba Filología Hispánica porque siempre me ha gustado escribir, y quería dedicarme a ello en el futuro. El dinero no nos llegaba, y yo no era capaz de seguir trabajando cómo lo había hecho hasta ese momento. Me daba miedo vender. 

Diego me propuso que comenzar a trabajar en un puesto similar al suyo. Él trabajaba en una fábrica, montando vehículos. En aquel momento me pareció buena idea. 

Aquella fue la primera y única vez que he realizado trabajos físicos, y definitivamente no son para mí. Admiro a los trabajadores que, cómo mi marido, son capaces de soportar el dolor y el agotamiento. A mí aquel año entre coches y tornillos me llevó directa a la depresión. 

Tiempo después entendí que el problema no había sido el dolor muscular ni el agotamiento. El problema era que el cansancio me había impedido hacer algo que llevo haciendo desde que tengo uso de razón. Escribir. Crear. Inventar. 

Soy una persona creativa, escritora por vocación. Si no escribo, mi mente se reseca, mis pensamientos se amontonan y me deprimo. Por lo tanto mi trabajo es mi vía de escape. 

Tuve la suerte de poder pedir ayuda. Mi psicóloga fue clara. "Vuelve a escribir", me dijo. "Debes buscar una forma de ganarte la vida siendo tú misma". Y por suerte, eso fue lo que hice. 

Escribir me sanó. Aprendí que vender no es algo malo, lo malo es engañar. Vender con claridad, con palabras que impactan, con contenidos que gustan y aportan, eso es bueno. Y es lo que mejor se me da. 

La moraleja de mi historia es que encajar en lo que hacemos para ganarnos la vida es mucho más importante que todo lo demás. Trabajar es obligatorio para todos, excepto para algunos afortunados (o desafortunados, según lo mires). Si eres como yo, necesitas trabajar. Procura que aquello con lo que te ganas la vida encaje con quien eres, porque la alternativa es perderte a ti mismo.

Por eso amo mi trabajo. Porque con mis contenidos y mi redacción, consigo que gente como tú pueda vivir de lo que le apasiona. De su negocio. 

Si tienes un negocio que te apasiona no lo dejes en las manos de cualquiera. La pasión necesita pasión, el amor necesita amor, y un proyecto impactante necesita contenidos de alto impacto.